Zohran Mamdani: el día que la entropía ganó Nueva York

I. La noche en que cambió el orden
El 4 de noviembre de2025, Nueva York escribió un nuevo capítulo de su historia política.
Zohran Mamdani, de 34 años, se convirtió en el primer alcalde musulmán y socialista de la ciudad, al obtener el 50,4 % delos votos (1.036.051 sufragios), frente al 41,6 % de Andrew Cuomo y el 7,1 % del republicano Curtis Sliwa.
Pero más allá del resultado, lo que ocurrió esa noche fue algo más profundo: un cambio de paradigma cultural y simbólico. Nueva York, la capital del capitalismo global, eligió a un líder que promete reformular su ADN económico y moral. No fue solo una victoria electoral: fue un gesto histórico de inversión simbólica, una ciudad que votó a favor de aquello que durante décadas temió o reprimió.
II. El eco de las Torres

Veinticuatro años después de los atentados del 11 de septiembre, la ciudad que vio caer sus símbolos más altos eligió a un alcalde musulmán. El dato no es anecdótico. En 2001, el enemigo tenía nombre, religión y rostro: Al Qaeda. Hoy, Nueva York —la misma que lloró sus torres— deposita su confianza en un político de fe chiita.
Ese gesto no borra lahistoria, pero la resignifica. La elección de Mamdani no es solo política: es cultural, psicológica y civilizatoria. Es el espejo de un Occidente que empieza a aceptar lo que antes consideraba ajeno. Y, en ese reflejo, muchos ven una señal de madurez. Otros, de rendición.
III. “Turn the volume up”

En su discurso devictoria, Mamdani dijo cuatro palabras que se volvieron virales:
“Turn the volume up.”
La frase fue más que un eslogan: una declaración generacional. Significaba no moderar el cambio, sino amplificarlo. Subir el volumen al desorden, a la diferencia, al ruido.
En una ciudad que suele definirse por su energía, el nuevo alcalde convirtió esa fuerza en un manifiesto político. Ya no se trata de administrar la ciudad: se trata de re imaginarla.
IV. Los números del desorden
El mapa electoral confirma que Nueva York votó dividida entre dos almas. Mamdani ganó en cuatro de los cinco distritos:
- Brooklyn: 56,8 %
- Manhattan: 52,7 %
- Queens: 47,3 %
- Bronx: 60,2 %
Solo Staten Island se mantuvo como bastión conservador, con 55,4 % para Cuomo.
El resto eligió una idea más poderosa que un programa: el derecho a imaginar otro orden.
V. El voto de la isla que resiste

Staten Island siempre fue otra ciudad. Blanca, católica, con mayoría de propietarios, policías, bomberos y veteranos. El discurso progresista de Mamdani fue percibido allí como una amenaza: más impuestos, menos policía, un alcalde musulmán. El miedo se expresó en las urnas, y la isla votó como si aún viviera en 2001.
Lo curioso es que elresto de Nueva York parece haberse movido en dirección contraria: hacia un modelo social y moral más híbrido, donde el miedo perdió eficacia como herramienta electoral.
VI. Una coalición improbable

Hijo de inmigrantes africanos de origen indio —nacido en Kampala, Uganda, y criado en Queens—, Mamdani encarna una nueva síntesis: la del hijo deexiliados que gobierna la metrópoli del imperio. Educado en Queens, activista de base, respaldado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, reunió una coalición tan diversa como inestable: sindicatos, movimientos juveniles, progresistas culturales y artistas.
Su frase más resonante lo sintetiza: “No creo que debamos tener multimillonarios.” Con eso desafió el corazón de Manhattan: el poder financiero. Su programa propone transporte gratuito, congelamiento de rentas, salario mínimo de USD 30 por hora. y un nuevo impuesto a los ricos. Pero más que las medidas, lo que sedujo fue el relato: la idea de que el poder podía, por fin, cambiar de manos.
VII. Entre sinagogas y mezquitas
El triunfo de Mamdani reconfiguró el tablero religioso de la ciudad. El rabino Elliot Cosgrove, del Upper East Side, lo calificó como “una amenaza para la comunidad judía”.
Horas después, el rabino Moshe Indig, líder de la comunidad jasídica Satmar, lo felicitó públicamente. La foto de ambos dándose la manorecorrió el mundo.
En el medio, el actor Mandy Patinkin, judío progresista, declaró: “No elegimos un credo, elegimos una visión de justicia.” Esa frase condensó el nuevo espíritu neoyorquino: el de una ciudad donde los símbolos religiosos dejaron de ser frontera y se transformaron en lenguaje político.
VIII. El rugido de Washington
La reacción de DonaldTrump fue inmediata y brutal. En su red Truth Social escribió: “Los judíos que votaron a Mamdani son gente estúpida.” La declaración generó repudio internacional y, al mismo tiempo, reforzó la idea de que el viejo orden no entiende el nuevo mundo. El Presidente de los EE.UU. amenazó con retener fondos federales para Nueva York, y en menos de 24horas, Wall Street reaccionó con caídas y movimientos de capital hacia Texas yFlorida.
La polarización dejó de ser un discurso: se volvió economía.
IX. El giro cultural: entre el miedo y la esperanza
Las horas posteriores al resultado mostraron dos movimientos paralelos. Por un lado, el éxodo urbano: miles de residentes de alto poder adquisitivo anunciaron su intención de mudarse.
Por otro, un entusiasmo genuino entre jóvenes, trabajadores y minorías que sintieron que, por primera vez, el poder se parecía a ellos. Nueva York se partió entre quienes huyen del desorden y quienes encuentran en él un nuevo sentido de pertenencia.
El miedo y la esperanza, en esta nueva era, son emociones vecinas.
X. La política del ruido
Mamdani entendió algo que el establishment todavía no: el poder ya no se gana con discursos, sino con frecuencia emocional. “Turn the volume up” fue más que una frase: fue una nueva gramática política. El lenguaje racional dio paso a una comunicación sensorial, casi musical.
Su campaña se construyó sobre beats, ritmos y videos. No habló: resonó. No explicó: vibró.
El nuevo progresismo no busca convencer, busca contagiar. Y en una sociedad saturada de información, el ruido se volvió más eficaz que el argumento.
XI. El futuro de la entropía

Lo ocurrido en NuevaYork no es un hecho aislado: es parte de un patrón global. La entropía social, entendida como la disolución de las estructuras estables, atraviesa a todo Occidente.
En Europa, la migración y la ultraderecha redefinen fronteras. En América Latina, las democracias se reinventan al borde de la fatiga. Y en Estados Unidos, el progresismo de base y el conservadurismo populista yano se enfrentan: coexisten en conflicto permanente, como polos que se necesitan para no colapsar. Nueva York fue solo el preludio de algo mayor: el momento en que el desorden se volvió gobierno.
XII. Reflexión final: el espejo del siglo XXI
La victoria de Zohran Mamdani no representa el amanecer de una nueva era, sino el punto de inflexión de un sistema que se descompone mientras celebra su propia ruptura. Occidente ya no se reinventa: se fragmenta.
Lo que antes fue diversidad, hoy se confunde con desorden; lo que fue inclusión, ahora es disputa por identidad; y lo que se llamó esperanza, en el fondo, es miedo disfrazado de cambio.
NuevaYork, símbolo del orden financiero y de la promesa moderna, eligió al alcalde que mejor encarna su propio colapso moral.
La entropía no trajo redención, sino la confirmación de que el ruido ha reemplazado al sentido.
Ya no hay futuro que anticipar: solo un presente que se repite con distinta forma, cada vez más caótica.
ARTÍCULOS RELACIONADOS

El continente en crisis: identidad perdida, expansión islámica y el ocaso del multiculturalismo. Una rendición sin resistencia.

La elección de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York marca un punto de inflexión político y cultural en Occidente.
